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Sin auto en la ruta

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Este año no me fui de vacaciones. Quería mis clases de manejo, comprar un auto, festejar mi cumpleaños. En fin... todo no se puede.  Pero tenía que despejar mi cabeza antes de comenzar el año laboral a full (ya que mis actividades se iniciaron a principios de febrero).  En diciembre una amiga del barrio se mudaba a un pueblo en Entre Ríos y ya antes de que ella se fuera, incluso que tuviera asegurado el cambio, había contratado una empresa para participar de los festejos de un pueblo vecino.  Mientras viajaba en la combi, pensaba:  Cuando viaje con mi auto, voy a parar acá a comprar queso.  Al pasar por este lugar, me voy a meter ahí para conocer.  ¡Qué buen sitio para sacar una reposera y sentarse a tomar mate! Quizás este haya sido mi último viaje sin auto. O quizás no. La cuestión es que disfruté de la Fiesta del Inmigrante Alemán en la Aldea San Antonio. Las festividades se iniciaron al mediodía con música y baile en la plaza, con diferente...

Con el registro en la mano

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¡Ya tengo permiso para manejar en las calles! (aunque no tenga auto).  Me fascina conducir. Pensé que era grande para aprender algo tan complicado y que iba a necesitar muchas clases para controlar un automóvil. Me acuerdo que la primera clase me bajé del auto y tenía las piernas duras, pero era como que temblaban por el esfuerzo que habían hecho. Ahí pensé: Menos mal que solo era media hora.  En esa primera vuelta, el profesor me explicó las cosas generales y me dijo: Ahora te toca a vos. Y comencé guiada por sus órdenes. En un momento frente a mí aparecieron dos autos estacionados de cada lado, uno frente al otro, y yo tenía que pasar por el medio. Lo miro al profesor: ¿Qué hago? Su respuesta fue concreta: Pasá. Y pasé. Ahí me di cuenta de que había podido calcular el espacio de mi auto y me quedé un poco más tranquila. Lo gracioso fue que al volver para mi casa tenía mucho cuidado al cruzar la calle. Ahora entendía que era muy fácil que a alguien le saliera mal un...

Comienzo de un nuevo medio siglo

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Finalmente, llegó mi cumpleaños.  Primero pensé en no festejarlo. Quería ahorrar para comprarme el auto. Después mi hermana menor me convenció de que debe hacerse una fiesta al cumplir años (según ella, dice que son palabras mías). En dos semanas armé mi reunión. Quizás tuve que achicar la lista de invitados por una cuestión económica, pero pude armar algo con la gente más cercana.  La reunión fue en una cervecería "El viejo castillo". Si bien le había dicho al dueño que me armara el menú más económico posible, no puedo creer las delicias que había: unas picadas abundantes, con diferentes tipos de acompañamientos. En el momento de la torta, nos trajo máscaras y cascos para divertirnos (el hijo de mi prima se identificó con su cara de perro). Disfruté de una noche espectacular y cuando me fui a dormir a las cuatro de la mañana, sentí que había comenzado un año súper especial, donde pienso ser feliz con cada paso que doy (con o sin auto).

A tres días

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En tres días voy a cumplir 50 años. No voy a hacer una revisión de mi vida. Eso tiene sentido para mí, pero no es una lectura interesante para otras personas.  La gran pregunta es: ¿Por qué inicié este blog? ¡Tengo que explicar tantas cosas! Un punto me llevó al otro. Por un lado, puedo decir que mi primer medio siglo estuvo signado por el viaje entre los libros. Creo que viajé más con las historias escritas que de una forma real. Es cierto que estuve en Alemania, Dinamarca, Luxemburgo, Francia, Inglaterra, Brasil, Uruguay y Paraguay, así como por diferentes zonas de mi país: Tucumán, Salta, Jujuy, San Luis, Neuquén, Santiago del Estero, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires. Siempre fue mi sueño recorrer distintas rutas para meterme en cualquier pueblo que se me ocurriera. Me gustaba la idea de ir en un auto y de repente tomar un camino de tierra que me llevara a algún lado de ensueño o de abandono (sí, tengo que reconocer que me gustan los lugares tétricos o ...